En promedio, solo el 66 por ciento del personal de las residencias de ancianos de la ciudad ha sido vacunado. El personal de las residencias de ancianos del condado de Brooklyn tienen el número más bajo con 57 por ciento, según los datos del Departamento de Salud del estado de Nueva York.

Adi Talwar

Una persona vacunándose en los Centros de Vacunación del Campus Educativo del Sur del Bronx, ubicados en la Avenida St Ann.

Este artículo apareció originalmente en inglés. Translated by Daniel Parra. Read the English version here

Mientras la variante Delta del virus COVID-19 provoca un aumento de los casos positivos, las residencias de ancianos de Nueva York se esfuerzan por vacunar a su personal. A julio 19, casi el 82 por ciento de los residentes de las más de 160 residencias de ancianos de los cinco condados han recibido la vacuna contra el COVID-19, según datos del Departamento de Salud del estado. Pero solo el 66 por ciento del personal en promedio ha sido vacunado. 

Las residencias de ancianos en Brooklyn son las que presentaron más bajos índices con solo el 57 por ciento del personal del condado de Kings vacunado completamente, según estos datos.

Estas cifras no cumplen la meta de vacunación establecida por varias organizaciones comerciales. La American Health Care Association y LeadingAge, que representan a los centros de asistencia y cuidados de larga duración de todo el país, pidieron que el 75 por ciento del personal estuviera vacunado antes del 30 de junio. Menos de 40 centros de la ciudad han alcanzado ese objetivo.

Las residencias de ancianos de Nueva York se vieron especialmente afectadas por el COVID-19 y han sido un controvertido foco de atención durante toda la crisis. El gobernador Andrew Cuomo ha sido criticado por permitir que pacientes con COVID-19 regresaran a los hogares de ancianos para recibir atención.

En enero, la fiscal general del estado acusó a la oficina del gobernador de subestimar las muertes en hogares de ancianos hasta en un 50 por ciento, lo que llevó a algunos legisladores a pedir la renuncia de Cuomo y autoridades federales iniciaran una investigación. Según el Departamento de Salud se han dado más de 15.000 muertes por COVID-19 en hogares de ancianos y otras instalaciones de vida asistida en todo el estado desde que comenzó la pandemia.

Algunas de las residencias de ancianos de la ciudad con bajas tasas de vacunación son también las que registraron un elevado número de muertes. De las instalaciones que informaron de más de 50 muertes por COVID-19, solo seis han vacunado al menos al 75 por ciento de su personal.

Las bajas tasas de vacunación se repiten en todo el país. Solo una de cada cinco residencias de ancianos de todo el país alcanzaba el umbral del 75 por ciento antes de la fecha límite del 30 de junio, según la asociación antes conocida como American Association of Retired Persons o AARP por sus siglas en inglés.

En comparación con otros estados, las tasas de vacunación del personal de Nueva York son las segundas más bajas de los nueve estados del noreste, solo delante de Pensilvania, según los datos nacionales más recientes de los Centros de Medicare y Medicaid.

Mientras tanto, el Estado informó de 636 casos positivos de COVID-19 entre el personal de las residencias de ancianos y 410 casos entre los residentes en la semana que terminó el 4 de julio.

Una elección individual

La lentitud en el aumento de la vacunación entre el personal ha llevado a hablar de la obligatoriedad de las vacunas para el personal sanitario, con reacciones encontradas en todo el país. El miércoles, el alcalde Bill de Blasio anunció que la ciudad exigirá a los empleados del sistema público de salud y hospitales, así como a los trabajadores del Departamento de Salud de la ciudad, que presenten una prueba de vacunación para poder trabajar, o tendrán que someterse a pruebas semanales de COVID. La nueva norma entrará en vigor en agosto, dijo el alcalde.

La semana pasada, una coalición de organizaciones de salud de todo el país publicó una declaración en la que pedía que se obligara a los trabajadores de esta área a vacunarse contra el virus en todo el país. 

“Al exigir la vacunación como condición para el empleo, aumentamos los niveles de vacunación del personal sanitario, mejoramos la protección de nuestros pacientes y ayudamos a alcanzar la protección de la comunidad”, escribieron. “Como personal sanitario, estamos comprometidos con estos objetivos”.

La declaración, publicada en Cambridge University Press, también señalaba que la obligatoriedad de la vacuna contra la influenza para el personal sanitario condujo a unas tasas de vacunación del 94.4 por ciento, lo que supone un aumento del 25 por ciento en el cumplimiento de la misma antes de su obligatoriedad. 

Este mandato ya se está aplicando en Europa. A principios de este mes, Francia y Grecia anunciaron que todos los trabajadores de la sanidad —incluidos los que trabajan con ancianos— están obligados a vacunarse o no podrán trabajar ni cobrar. Italia emitió el mismo mandato en abril.

Pero estas medidas no han sido fácilmente aceptadas por el personal sanitario de Estados Unidos. Algunos trabajadores de otros estados sometidos a la exigencia de la vacuna COVID-19 por parte de sus empleadores han participado en protestas y emprendido acciones legales. El 12 de junio, un juez del distrito sur de Texas rechazó una demanda interpuesta por más de 100 trabajadores de un hospital de Houston en la que se alegaba que la imposición de la vacuna y el despido de los trabajadores por su negativa constituían un despido ilegal. 

Motivar a los trabajadores

Algunos expertos afirman que un mandato no reconoce las razones fundamentales por las que los funcionarios siguen rechazando las vacunas. 

Jasmine Travers y sus colegas del Instituto Hartford de Enfermería Geriátrica de la Universidad de Nueva York publicaron un editorial en la revista JADMA el mes pasado en el que pedían a los funcionarios de salud que colaboraran con los miembros de la comunidad, los sindicatos y el resto del personal vacunado en los esfuerzos por educar a los trabajadores afectados.

“[Los auxiliares de enfermería certificados (certified nursing assistants o CNA)] también necesitan participar en un diálogo con la dirección de la organización que se base en una comunicación bidireccional clara, coherente, exhaustiva y constante”, escribieron. “Esto significa proporcionar a los CNA foros para hacer preguntas y expresar sus preocupaciones sin enfrentarse a represalias”.

Ella citó la necesidad de comprender las razones que subyacen a la indecisión de las vacunas, que pueden incluir factores tan variados como las barreras culturales y lingüísticas, la preocupación por los salarios perdidos debido a la falta de tiempo libre remunerado y el miedo a dejar a los colegas ya sobrecargados de trabajo con poco personal.

Los auxiliares de enfermería, una fuerza de trabajo que cuenta con más de un tercio de mujeres que no son blancas, reciben un salario bajo y escasos beneficios, según PHI, una organización sin ánimo de lucro que supervisa el sector. A nivel nacional, los auxiliares de enfermería ganan una media de $13.38 dólares mientras trabajan en un sector plagado de falta de personal y alta rotación. 

“En un esfuerzo por atender mejor a los adultos mayores en esos entornos, tenemos que cuidar a quienes cuidan de nuestros seres queridos”, dijo Travers a City Limits.  

Por el momento, los funcionarios del gobierno y las organizaciones comerciales se están centrando en la educación sobre la seguridad y la eficacia de la vacuna. 

Allan Campos, director de enfermería del Centro de Enfermería y Rehabilitación de Bedford, en Brooklyn, dijo que representantes del Departamento de Salud del estado acudieron a las instalaciones la semana pasada para animar al personal que aún no se había vacunado a que lo hiciera. 

Ese centro informó que sólo el 41.5 por ciento del personal se había vacunado hasta el lunes 19 de julio.

“La mayoría de la gente responde que está esperando”, dijo Campos, “muchos tienen miedo porque es algo nuevo”.

El sindicato que representa a los trabajadores de las residencias de ancianos, 1199SEIU United Healthcare Workers East, también se ha esforzado por educar al personal sanitario mediante reuniones, correos electrónicos y redes sociales y parece que ha sido eficaz. Una encuesta realizada en febrero a casi 3.000 de sus miembros en la región que incluye la ciudad de Nueva York reveló que una cuarta parte de los trabajadores de residencias de ancianos no tenía previsto vacunarse, lo que supone un descenso con respecto a más de la mitad de los miembros de esa fuerza de trabajo que decían lo mismo sólo dos meses antes. 

El 12 de julio, AARP escribió una carta de recomendaciones a Chiquita Brooks-LaSure, administradora de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (o CMS por sus siglas en inglés), en la que pedía que se hicieran más pruebas en las residencias de ancianos y que hubiera más transparencia en la recogida de datos. También instó a los CMS a considerar medidas de divulgación de vacunas dirigidas a los nuevos miembros del personal (debido a las altas tasas de rotación en el sector) y al más del 50 por ciento de los empleados que trabajan en más de un centro.

“Cuanto más eduquemos a la gente sobre la vacuna, y cuanto más eduquemos a la gente que está en contacto con las personas más frágiles de nuestra sociedad, mejor nos irá a todos”, dijo Bill Ferris, representante legislativo del estado de Nueva York con AARP.

“En todo el país, incluida Nueva York, hubo una cantidad tremenda de muertes de residentes a causa del COVID-19”, señaló Ferris. “Eso no puede volver a ocurrir”.

Liz Donovan es miembro de Report for America Corps.

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