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“No organizamos un desfile solo por celebrar. Desde el principio, ha sido una iniciativa impulsada por la comunidad para garantizar nuestra seguridad en un barrio con un largo historial de excesivo control policial sobre los puertorriqueños”, dijo Dennis Flores, fundador de El Grito, del desfile y festival puertorriqueño de Sunset Park que vuelve este fin de semana.

Este artículo se publicó originalmente en inglés el 11 de junio. Traducido por Daniel Parra. Read the English version here.
Los organizadores, bailarines y músicos ya se están preparando para el desfile y festival Puertorriqueño de Sunset Park, que tendrá lugar este domingo a partir de las 5 p.m. en la Quinta Avenida y la calle 59 de Brooklyn.
Iniciado en 2015 —aunque suspendido durante dos años por la pandemia—, el desfile comenzó como un espacio seguro para seguir celebrando después de que se acabara el desfile nacional anual del día de Puerto Rico en Manhattan. Cuando los asistentes locales regresaban a Sunset Park y se reunían por la noche, a menudo se enfrentaban a la policía en tensas redadas posteriores al desfile.
“No organizamos un desfile solo por celebrar. Desde el principio, ha sido una iniciativa impulsada por la comunidad para garantizar nuestra seguridad en un barrio con un largo historial de excesivo control policial sobre los puertorriqueños”, afirmó Dennis Flores, fundador de El Grito, del desfile y festival Puertorriqueño de Sunset Park y activista que grabó esos enfrentamientos locales con la policía de Nueva York.
El tema del desfile de este año es “reunirse en comunidad por una causa”, dijo Flores.
“El desfile de este año trata de celebrar nuestra cultura por una causa: afirmar que seguimos aquí, que esta es nuestra comunidad y que nos negamos a ser desplazados”, añadió Flores.
Al igual que en años anteriores, los organizadores rendirán homenaje a las contribuciones de los neoyorquinos latinos, como el grafitero de Sunset Park Luis “Inca” Ramos, quien también diseñó el cartel del desfile de este año, y la artista de Brooklyn María Domínguez.
City Limits se reunió con Flores para hablar sobre el desfile y su historia.
Esta conversación ha sido editada por motivos de extensión y claridad.

(Credit: Claudio Gaete)
City Limits: Para quienes nunca han asistido al desfile Puertorriqueño de Sunset Park, ¿en qué consiste?
Flores: En los años noventa y dos mil, el día del desfile del Día de Puerto Rico en Manhattan, los barrios puertorriqueños de todos los distritos se veían inundados de agentes de policía de múltiples comisarías. Mucho antes de los smartphones o YouTube, iniciamos iniciativas de vigilancia policial para documentar, observar y ser testigos de cómo los policías —sin dar explicaciones— te empujaban con sus macanas y te amenazaban con arrestarte si no te ibas de la calle rápido.
Para muchos de los que crecimos aquí, se convirtió en un rito de iniciación: una noche en la que la policía sale en masa.
Entonces empezamos a organizarnos: elegíamos una esquina, reuníamos a los músicos, nos asegurábamos de que las aceras estuvieran despejadas y reivindicábamos nuestro derecho a estar allí, nuestro derecho a grabar y a ejercer los derechos que nos otorga la primera enmienda para reunirnos y grabar a la policía.
El desfile surgió de ese trabajo. Es un día en el que la comunidad se toma las calles bajo sus propias reglas: la tradicional bomba y plena afro-puertorriqueña, banderas, partidas de dominó, bocinazos, arte.
CL: ¿Quién organiza el desfile?
Flores: En realidad somos solo cinco: un pequeño comité de la junta directiva, todos nacidos y criados en Sunset Park, en su mayoría artistas, activistas puertorriqueños con raíces en la comunidad. Compartimos valores y principios, eso es lo que nos une.
Seleccionamos a los participantes y patrocinadores, asegurándonos de que esto no se convierta en un evento orientado al consumo, sino más bien en una oportunidad en la que todo el mundo contribuya de alguna manera. Preferimos algo pequeño y sencillo a algo grande y lujoso que no encaje con nuestros valores.
Por eso rechazamos los patrocinios de grandes empresas. Por ejemplo, hemos rechazado a artistas y grupos que buscan una plataforma para difundir retórica anti-LGBTQ. Esto no tiene nada que ver con eso.
Además, contamos con más de 30 voluntarios que ayudan a que el evento sea posible.

CL: En retrospectiva, ¿qué momento destaca como especialmente impactante?
Flores: Uno de los recuerdos más emotivos es de 2017, cuando organizamos un acto conmemorativo tras el huracán María.
El artista y miembro de la junta directiva Adrián “Viajero” Román creó en el parque un acto en recuerdo con 4.645 velas —una por cada víctima mortal relacionada con el huracán y la ineficaz respuesta federal—, aunque es probable que la cifra real sea mayor.
Fue una noche solemne. El parque se convirtió en un lugar de duelo y sanación colectivo: para llorar la pérdida, recordar a los seres queridos, cantar y bailar.
Creo que nuestro desfile logró algo que muchos de estos eventos no consiguen: permitió a la gente compartir sus recuerdos, hablar de sus sentimientos y honrar a los fallecidos.
CL: ¿Cómo ha cambiado el barrio en sí a lo largo de los años que llevan haciendo esto?
Flores: Se ven más bancos, más canecas de basura, tiendas elegantes, grandes edificios nuevos—cosas que la gente llama “mejoras”. Pero, ¿para quién eran realmente esas mejoras?
Nos están echando por los precios: las familias de clase trabajadora, de clase media y de bajos ingresos ya no pueden permitirse vivir aquí.
Los grupos de inmigrantes que llegaron después de los puertorriqueños, que también luchan por quedarse, tienen familias numerosas y se ven obligados a vivir juntos para poder pagar estos alquileres. Al final, ellos tampoco seguirán aquí.
No hay viviendas realmente asequibles para que las familias con bajos ingresos puedan quedarse en estas comunidades. Las familias de clase trabajadora, los inmigrantes y las personas con bajos ingresos se están viendo desplazados por los precios altos.
Es una situación triste a la que nos enfrentamos y lo que está ocurriendo, por lo que estas son las razones por las que decidimos alzar la voz a través de nuestro arte, de nuestros mensajes, de nuestra presencia y de lo que hacemos en nuestro trabajo. Y ese es el tema subyacente que seguirá existiendo.
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