Share This Article
En el estado de Nueva York, el programa Head Start atiende a 43.300 niños y 900 mujeres embarazadas, y ofrece a las familias con bajos ingresos —incluidas aquellas sin hogar, en hogares de acogida (Foster Care) o que reciben ayudas públicas— servicios gratuitos de cuidado infantil, educación temprana, ayuda alimentaria y otros servicios.

Este artículo se publicó originalmente en inglés el 12 de agosto. Traducido por Daniel Parra. Read the English version here.
Una propuesta para reformar el programa federal Head Start —una iniciativa contra la pobreza con 60 años de antigüedad destinada a educar tempranamente a los niños desde el nacimiento hasta los 5 años— busca que se imparta instrucción únicamente en inglés, algo que podría tener un gran impacto en Nueva York, una de las zonas con mayor diversidad lingüística del país.
El Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU. (HHS por sus siglas en inglés) quiere sustituir los estándares de rendimiento actuales —que establecen requisitos mínimos y expectativas de calidad para estos programas— por un conjunto de normas considerablemente menos prescriptivas, lo que daría más libertad a los estados y a los proveedores locales.
El gobierno afirma que las reformas reducirán la burocracia, rebajarán los costes y permitirán a los proveedores atender a más niños. Sin embargo, los críticos sostienen que la flexibilización de las normas federales podría dar lugar a niveles de atención peores o inconsistentes, y que los recortes propuestos pondrán en peligro los programas locales.
“Desmantelar el programa federal Head Start llevaría a nuestro país exactamente en la dirección equivocada, poniendo en riesgo a innumerables niños y familias”, afirmó esta semana un portavoz del alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, en una declaración a City Limits. “Todos los niños, independientemente del idioma que hablen, del condado en el que vivan o de su situación migratoria, merecen tener acceso a una atención y educación tempranas de alta calidad y accesibles”.
Head Start atiende cada año a más de 750.000 niños en todo el país, ofreciendo servicios gratuitos de guardería, educación infantil, ayuda nutricional, revisiones médicas y recursos para mujeres embarazadas. Atiende principalmente a niños de familias de bajos ingresos, incluidos aquellos sin hogar, en hogares de acogida (Foster Care) o que reciben ayudas públicas.
La financiación procede directamente del gobierno federal a los proveedores y, en el estado de Nueva York, Head Start atiende a 43.300 niños y 900 mujeres embarazadas, según la oficina de la gobernadora Kathy Hochul.
“Los despiadados ataques de la administración Trump contra Head Start y otros programas que prestan servicio a los neoyorquinos con bajos ingresos ya están causando dificultades a las familias y a los proveedores de todo el estado”, afirmó un portavoz de la gobernadora en un comunicado.
Para Nueva York, uno de los cambios más trascendentales es la propuesta de exigir que toda la enseñanza se imparta en inglés. Esto supone un cambio radical con respecto a los anteriores estándares de rendimiento de Head Start, que consideraban la lengua materna del niño como un activo en lugar de una barrera para el aprendizaje, y promovían la alfabetización tanto en la lengua materna del niño como en inglés, exigiendo a los programas que fomentaran el bilingüismo.
“Al eliminar las directrices excesivamente específicas sobre cómo cumplir estos requisitos, se ofrece a los beneficiarios una mayor flexibilidad para diseñar servicios integrales que se adapten mejor a las necesidades de su comunidad”, afirmó en un comunicado un portavoz de la Administración para Niños y Familias (ACF por sus siglas en inglés), la agencia federal encargada de gestionar el programa.
La ACF estima que el 33,4 por ciento de los centros de Head Start podrían verse afectados por el requisito lingüístico, lo que supone unas 18.767 aulas.
La agencia reconoció “costes adicionales o dificultades operativas para los programas que atienden a alumnos bilingües o que operan en comunidades predominantemente de habla no inglesa”, en lugares como Puerto Rico y en el caso de Migrant and Seasonal Head Start, una versión especializada del programa dirigida a familias de trabajadores agrícolas con bajos ingresos.
Ni las autoridades locales ni las federales pudieron especificar cuántos programas de Nueva York se verían afectados por el requisito lingüístico. Según la oficina del gobernador, Head Start opera actualmente en 927 centros de cuidado infantil autorizados, con 14.400 empleados en todo el estado.
Según el informe 2026 Newest New Yorkers de la ciudad, alrededor de 3.8 millones de personas, es decir, casi la mitad de los residentes de la ciudad de Nueva York, hablan un idioma distinto del inglés en casa.
“Para los niños en edad preescolar, los programas en los que solo se utiliza el inglés no son mejores que los programas bilingües a la hora de aprender inglés, y son mucho peores para el aprendizaje del otro idioma”, explicó el Dr. W. Steven Barnett, fundador y codirector sénior del Instituto Nacional de Investigación sobre Educación Temprana. “Dado que el multilingüismo conlleva ventajas cognitivas, sociales y económicas, esto perjudica al niño, al estado y a la nación”.
Barnett añadió que no existía ninguna razón basada en la evidencia que justificara esta política, aunque la administración sostiene que el cambio redirigirá los recursos hacia la “asimilación” y reducirá los costes al minimizar los servicios multilingües no esenciales.
El HHS propone otras reformas: modificar la proporción de profesores por niño; reducir la coordinación en materia de salud mental y médica; permitir la expulsión o suspensión de niños; eliminar los requisitos de certificación del personal y modificar los requisitos relativos a la exposición al plomo; y hacer opcionales los comités de padres —que cada centro debía tener para que los padres pudieran opinar sobre las actividades y los servicios.
“Las normas propuestas por el gobierno federal —que imponen la enseñanza exclusivamente en inglés y hacen que la participación de los padres sea opcional— dejan de lado las necesidades de nuestros hijos en un momento en el que las familias se encuentran especialmente vulnerables”, afirmaron en un comunicado Anita Gundanna y Vanessa Leung, codirectoras ejecutivas de la Coalition for Asian American Children and Families.
Recortes administrativos
Los cambios propuestos también reducirían drásticamente los gastos administrativos de los proveedores de Head Start, del 15 por ciento al 5 por ciento.
“Esos fondos pagan salarios, alquiler, servicios públicos, gastos legales, de recursos humanos, financieros y de infraestructura informática que permiten que un programa como el nuestro funcione de forma responsable. Un recorte tan drástico tiene consecuencias reales para las organizaciones sin ánimo de lucro”, afirmó un representante de Catholic Charities Neighborhood Services, que gestiona los programas Head Start (para niños en edad preescolar de entre 3 y 5 años) y Early Head Start (para bebés y niños pequeños de hasta 3 años, así como para mujeres embarazadas) en Brooklyn y Queens.
Barnett calificó los recortes de “totalmente irrealistas”.
La ACF calcula que limitar los gastos administrativos al 5 por ciento del gasto total aprobado supondría un ahorro de aproximadamente $754 millones de dólares al año.
“La norma propuesta permitiría a los programas Head Start ajustar el tamaño de los grupos y la proporción entre personal y niños a la legislación estatal y local aplicable, en lugar de a una única norma impuesta por el Gobierno federal, que actualmente se encuentra entre las más restrictivas en materia de educación infantil”, afirmó un portavoz de la ACF.
El público puede presentar comentarios sobre las propuestas del gobierno federal relativas a Head Start hasta el 6 de octubre. Después, el HHS revisará los comentarios y publicará una norma definitiva, un proceso que puede llevar meses o incluso más tiempo.
Mientras tanto, los defensores exigen a los oficiales electos locales que tomen posición.
“El alcalde Mamdani y la gobernadora Hochul deben plantar cara al Gobierno federal, oponerse a estos cambios en Head Start y comprometer la financiación y los recursos locales necesarios para garantizar que la enseñanza bilingüe y el apoyo a las familias puedan satisfacer las necesidades de nuestros alumnos más pequeños”, afirmaron Gundanna y Leung.
Para ponerse en contacto con el reportero de esta noticia, escriba a [email protected]. Para contactar a la editora, escriba a [email protected].
