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“No solo estamos comprometidos con los artistas inmigrantes y las comunidades de inmigrantes de toda la ciudad, sino que también tenemos la doble misión de ser un hogar para Inwood y Uptown”, afirmó Mino Lora, directora artística ejecutiva y cofundadora de The People’s Theatre: Centro Cultural Inmigrante, que abrió sus puertas el martes.

Este artículo se publicó originalmente en inglés el 16 de septiembre. Traducido por Daniel Parra. Read the English version here.
La espera para el primer centro cultural inmigrante de la ciudad de Nueva York, y el teatro latino más grande del estado, ha llegado a su fin.
The People’s Theatre: Centro Cultural Inmigrante, un espacio de 19.000 pies cuadrados situado en la calle West 206th de Inwood —que hizo parte de uno de los varios proyectos que la ciudad se comprometió a apoyar como parte de una rezonificación del barrio en 2018—, abrió sus puertas el martes. Su temporada teatral comienza el sábado con la obra “GUAC”, la historia de un padre que rinde homenaje a la muerte de su hijo en un tiroteo masivo en un colegio, escrita por Manuel Oliver.
Las nuevas instalaciones albergan un teatro principal con capacidad para 208 personas, un teatro-estudio más pequeño, cuatro salas de ensayo (dos con espejos y suelos amortiguados para bailarines, y las otras para músicos o actores), una sala de ensayo insonorizada, una cafetería y un espacio de galería.
Su creación fue uno de los compromisos que la ciudad asumió durante las negociaciones sobre el plan de rezonificación de Inwood, aprobado bajo la administración de De Blasio. Los “puntos de acuerdo” de la rezonificación de Inwood incluían planes para un “Centro de Investigación sobre Inmigración y Centro de Artes Escénicas” para el barrio, donde más del 40 por ciento de la población es de origen extranjero, muchos de ellos, de la República Dominicana.
Cuando se propuso, los defensores de esta iniciativa luchaban contra las políticas antiinmigrantes de la primera administración de Donald Trump. Su sentimiento quedó reflejado en la descripción del proyecto en aquel momento: “Es más importante que nunca contar las historias de las comunidades de inmigrantes y celebrar su papel esencial en la construcción de una gran ciudad y una gran nación”, dice el acuerdo.
Ocho años después, la ciudad ha sido testigo de una escalada en la represión de la administración Trump contra los latinos.
Mino Lora, directora artística ejecutiva y cofundadora de The People’s Theatre Centro Cultural Inmigrante e inmigrante dominicana, habló con City Limits sobre su visión del espacio, cómo se construyó con y para los neoyorquinos inmigrantes, y por qué lo ve tanto como un hogar artístico como un centro de organización.
Esta conversación ha sido editada por motivos de extensión y claridad.
City Limits: El centro se construyó en este barrio donde viven muchos inmigrantes. ¿Cómo imaginas que los neoyorquinos inmigrantes utilizarán este espacio?
Lora: Una de las cosas en las que ponemos mucho énfasis es que, tal y como indica el nombre, está destinado a todos los inmigrantes. Es el hogar de las historias de Nueva York. No importa quiénes seamos —inmigrantes, inmigrantes de primera generación o alguien que conoce a un inmigrante— este es un lugar en el que imaginamos que los artistas inmigrantes, las familias inmigrantes, los niños y las personas mayores vengan a crear obras. Ya sea a través de nuestra propia programación (como nuestra próxima producción, en la que contamos con gente de China, Corea, Turquía, la República Dominicana —por supuesto—, Colombia y otros países latinoamericanos, por lo que es multigeneracional y multilingüe), o a través de los jóvenes de nuestra academia, que son hijos de inmigrantes o inmigrantes.
Pero también queremos que este sea un hogar para los grupos locales: que cumpla un doble propósito. No solo estamos comprometidos con los artistas inmigrantes y las comunidades inmigrantes de toda la ciudad, sino que también tenemos esta doble misión de ser un hogar para Inwood y Uptown. Ya contamos con una compañía residente, Jazz Power Initiative, que llevará a cabo aquí toda su programación para niños y para músicos de jazz profesionales, sesiones de improvisación y conciertos. Otras compañías teatrales locales más pequeñas y escuelas están utilizando y alquilando nuestro espacio para realizar producciones. Estamos muy ilusionados por ser también un hogar para otros, no solo para nuestras propias producciones, sino un espacio que la gente pueda utilizar para crear.
Organizaremos cursos de formación sobre “conozca sus derechos” y nos encargaremos de inscribir a la gente en el censo electoral. Así que este es un lugar en el que imaginamos que convivan la educación, la producción y la defensa de causas sociales.

CL: ¿Cuáles son tus planes para la programación educativa?
Lora: Nuestra academia tiene dos partes. Una está dirigida a nuestros alumnos de primaria. Se reúnen todos los sábados y hay unos 100 niños en ese programa.
La segunda es una academia de liderazgo teatral y defensa de causas, que comenzó antes de la ceremonia de inauguración, dirigida a alumnos de secundaria y bachillerato. Es una academia de seis años sin costo. Los dos primeros años se centran en liderazgo y, después, en expresión artística y defensa de causas. Además, cuenta con servicios integrales, por lo que no solo se trata de crear teatro original —basado en su cultura, identidad y el poder de lo que son como jóvenes—, sino también de ponerles en contacto con los recursos que necesitan: salud mental, apoyo académico, vivienda o ayuda ante la inseguridad alimentaria.
Los programas extraescolares de Jazz Powers se llevarán a cabo aquí… con actividades artísticas a partir de la primavera. Así que este será un espacio totalmente centrado en los jóvenes entre las 3 y las 6:30 p.m.
CL: ¿Cómo pueden los residentes utilizar las nuevas instalaciones?
Lora: Hay varias formas en que los artistas pueden colaborar con nosotros. Los artistas individuales que quieran utilizar el espacio tendrán tarifas comunitarias sin ánimo de lucro. También ofreceremos tarifas de mercado para los alquileres, ya sea por horas, por semanas o si se trata de una producción completa.
Ya tenemos un par de grupos locales que lo están alquilando durante dos o tres semanas porque están montando un espectáculo completo. Están alquilando el teatro del escenario principal para poder hacer allí todos sus ensayos. También se ha puesto en contacto con nosotros una profesora de yoga. Estamos en conversaciones. Hay otra artista local, una bailarina, que quiere dar clases de salsa y bachata, así que hemos estado hablando con ella. La gente ya se está poniendo en contacto con nosotros, y aún no hemos hecho publicidad. Pero pronto todo eso estará en nuestra página web.
La gente puede venir a hacer un recorrido por el espacio para ver qué estudio le conviene más. Todos los estudios de ensayo están totalmente equipados con Bluetooth y sistemas de sonido, así que la gente solo tiene que entrar, conectar y tocar.
CL: Has descrito este espacio como el primer centro cultural para inmigrantes de este tipo en la ciudad de Nueva York. ¿Cómo las comunidades inmigrantes colaboraron en la planificación?
Lora: Mantuvimos muchas conversaciones a lo largo de todo el proceso. Llevamos 18 años y somos una organización dirigida por inmigrantes y al servicio de los inmigrantes. También lo son los miembros de nuestra junta directiva, estudiantes, familias y artistas. Así que primero hablamos con ellos. Planeamos un segundo espacio de actuación gracias a esas conversaciones.
Formamos parte del New York Immigration Coalition. Llevamos a cabo una intensa labor de defensa a nivel estatal, municipal y federal junto con nuestros jóvenes. Y nuestros defensores de los jóvenes y las familias han sido de gran ayuda a la hora de recabar opiniones. La organización y los programas de defensa surgieron de ahí.
Este es un espacio seguro para los inmigrantes. Cuando hablamos de educación, no nos referimos solo a los niños; es educación para las comunidades.
El debate también pasa por cómo cumplir los objetivos de los proyectos financiados por la ciudad, que suelen tener unos objetivos mínimos de contratación de empresas propiedad de minorías y mujeres (MWBE por sus siglas en inglés) de 30 por ciento. Para mí era muy importante que superáramos el 50 por ciento. No se trata solo de empresas propiedad de mujeres y pertenecientes a minorías; también se trata de empresas de inmigrantes. Me enorgullece que hayamos alcanzado casi el 60 por ciento. Una vez más, para mí, esa intencionalidad era muy importante porque este es un lugar para inmigrantes, y tenía que ser construido por inmigrantes.
CL: Vivimos en una época en la que muchos inmigrantes temen salir a la calle. No quiero generalizar, pero algunos no quieren salir ni hablar en su idioma. ¿Cómo piensas animarlos a salir y disfrutar de estos espacios creados para ellos?
Lora: Una forma de hacerlo es asegurándonos de que nuestra programación refleje sus historias y experiencias. Creo que el poder del teatro —y de las artes escénicas en general— reside en que nos hacen sentir menos solos. Lo que ya hemos observado durante el proceso de construcción y al realizar pequeñas visitas guiadas con algunos de nuestros colaboradores y sus familias es que todo el que entra se siente conmovido y comprendido.
Como la gente podrá ver, es un espacio muy colorido. Es vibrante. Hay curvas por todas partes. Tres rampas para acceder a nuestro espacio, que hemos transformado en un anfiteatro —un “rampatorium” como lo llamamos. Incluso la arquitectura del espacio transmitirá a la gente la sensación de que está a salvo.
Pero sí, es un miedo real y legítimo. ICE estuvo aquí, a solo unas cuadras de nosotros, no hace mucho tiempo. Nos estamos organizando con nuestros vecinos y colaboradores para movilizar a nuestras comunidades y asegurarnos de que nos apoyemos unos a otros. Nosotros hemos visto a Uptown hacerlo. Sabemos cómo dar la cara y defender lo nuestro.
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