apple slices

Murphy

Media docena de bolsas de reciclaje con rodajas de manzana fueron tiradas en una escuela del Bronx el jueves. La crisis de salud ha forzado a cambios repentinos en los programas de comidas en las escuelas y en otros lugares.

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Ha pasado poco más de un mes desde que se detectó el primer caso positivo de COVID-19 en la ciudad de Nueva York y la situación para los programas de alimentos y las personas que los necesitan se está volviendo cada vez más adversa.

Las despensas de comida y los comedores comunitarios están cambiando diariamente, o incluso cada hora, y más gente parece necesitar sus servicios, aunque menos personas mayores se ofrecen como voluntarios y se presentan a recoger comida. 

“Hemos podido contactar  unos 200 [comedores comunitarios y despensas de alimentos], y un tercio, 31,  han cerrado debido a la crisis. Supongo que la mayoría se reabrirá en algún momento, pero ¿quién sabe?” advirtió Joel Berg, director general de Hunger Free América. “Mi mejor suposición es que tal vez 100 a 150 programas han cerrado”.

Al 30 de marzo, “el número de programas de alimentos de emergencia que cerraron sus puertas continúa aumentando, esto significa aún menos lugares a los cuales los neoyorquinos necesitados pueden acudir en busca de alimentos”, dijo City Harvest, una organización que entrega el exceso de alimentos a una red de 400 comedores de comunitarios, despensas de alimentos y otros programas de alimentos comunitarios en los cinco distritos. “Setenta y cuatro programas de alimentos comunitarios a los que City Harvest entrega regularmente alimentos están cerrados, como medida de precaución o por falta de personal”.

Sheena Wright, presidenta y directora ejecutiva de United Way de la ciudad de Nueva York, una organización que trabaja con más de 500 programas de alimentos de emergencia en toda la ciudad, dice por correo electrónico que “a partir del 31 de marzo estimamos que alrededor del 30 por ciento han dejado de funcionar temporalmente”. Pero eso está cambiando diariamente. Algunos programas lo están tomando día a día y reabren cuando es posible”.

Según Dave Giffen, director ejecutivo de la Coalition for the Homeless, se han recogido datos sobre 416 despensas y comedores comunitarios, de los cuales “97 están actualmente cerrados, 303 están abiertos, 16 indeterminados, al 2 de abril”.

Nicholas Freudenberg, director del instituto de política alimentaria urbana de CUNY, explicó que “hay 800 despensas de alimentos y comedores, o una combinación de ambos, alrededor de la ciudad y el 10 por ciento de las despensas de la ciudad de Nueva York han cerrado”.

“Todo cambia de un día para otro, de una semana para otra. Ahora, cada parte del sistema alimenticio está en riesgo”, añadió Freudenberg.

Y eso está sucediendo en medio de una necesidad creciente. La Graduate School of Public Health and Health Policy (CUNY SPH) y el Emerson College realizaron una encuesta en la que llamaron a más de mil hogares de la ciudad y el estado de Nueva York para obtener una imagen de cómo el COVID-19 ha cambiado su capacidad de obtener alimentos. Esta encuesta muestra que “la mitad de los encuestados informaron de algunos cambios y dificultades para conseguir comida. Las minorías informaron un número mayor, aunque todos vieron algún tipo de trastorno”, dice Freudenberg.

“Los hogares latinos, asiáticos, afroamericanos y multirraciales y otros hogares informan de niveles más altos de reducciones significativas en la disponibilidad de alimentos en comparación con los hogares blancos. Los hogares latinos y multirraciales y de otro tipo tienen casi el doble de probabilidades de advertir que su disponibilidad de alimentos se redujo mucho en comparación con los hogares blancos”, informó la encuesta.

Las necesidades preexistentes se hacen aún más profundas

Había aproximadamente 1.2 millones de personas viviendo en medio de la inseguridad alimentaria en la ciudad antes de la crisis de COVID-19. “Ahora ese número aumentará mucho más en los próximos meses”, dice Freudenberg.

En promedio, por ejemplo, en 2019 “servimos a 20.000 clientes”, dice Gregory Silverman, director ejecutivo de la West Side Campaign Against Hunger. Ahora, dice, “tenemos como objetivo servir a 1.750 personas más a través de los hospitales de Nueva York y a cientos más a través del New York-Presbyterian Hospital y Children’s Aid”.

“Estamos viendo más clientes nuevos y menos personas mayores”, dice Silverman. 

En promedio, la Coalition for the Homeless reparte de 800 a 1.000 comidas por toda la ciudad cada noche. “Por ejemplo, anoche en la 51 Este, atendimos a más de 400 personas en un lugar donde normalmente atendemos a 150 a 180 personas”, dice Giffen. “Hemos visto un aumento del 25 por ciento en la demanda”.

En un mes como marzo el programa de comidas de la Coalition for the Homeless “servía a 840 personas en promedio y ahora está sirviendo a 1.120 personas”, según Juan de la Cruz, administrador del programa de esta coalición. Y la población necesitada “es como la ciudad. Se ve la diversidad de la ciudad allí, una combinación de todo tipo de gente: jóvenes, blancos, hispanos”.

Del 13 al 28 de marzo, City Harvest distribuyó 2.8 millones de libras de alimentos en la ciudad. La organización ha puesto en marcha cinco sitios de ayuda de emergencia en lugares como Brownsville, Harlem y Long Island City y además planea entregar entre 4.000 y 6.000 libras a cada sitio semanalmente.

En los nueve “mercados móviles” existentes de City Harvest, ha habido un aumento del 30 por ciento en la asistencia. “Estamos viendo caras nuevas: personas que nunca antes habían necesitado asistencia alimentaria y muchas más familias jóvenes con niños”, dice la organización.

United Way of New York City y City Harvest operan Plentiful, una aplicación de despensas de alimetos que conecta a los usuarios con la red de alimentos de emergencia. Estas organizaciones “registraron la asombrosa cifra de 12.854 nuevos usuarios en marzo. Esperamos que estas cifras crezcan a medida que el costo económico del COVID-19 siga afectando a los neoyorquinos”, dice Wright. 

En un esfuerzo por abordar el creciente problema del hambre, el alcalde de Blasio anuncióel jueves que tres comidas gratuitas al día estarán disponibles para todos los neoyorquinos todos los días de la semana en más de 400 centros de comidas.

También el jueves, el presupuesto estatal fiscal 2021 acordado por el gobernador y los líderes legislativos incluyó nuevos fondos para apoyar las despensas de alimentos de emergencia.

La escasez de voluntarios

Los proveedores de alimentos no sólo están redoblando sus esfuerzos, sino que también están cambiando la forma en que operan regularmente debido a una grave escasez de voluntarios. “Una de nuestras despensas reportó servir a más de 100 huéspedes con un personal voluntario de dos personas”, dice Wright de la United Way.

La escasez es aguda en parte porque las personas mayores —a quienes se les ha dicho que tengan especial cuidado con la exposición al coronavirus— son la columna vertebral de muchas de las operaciones de entrega de alimentos.

Por ejemplo, la mayoría de los voluntarios de la West Side Campaign Against Hunger eran personas mayores. “Durante dos semanas detuvimos nuestro programa de voluntarios, y ahora todos los voluntarios tienen edades entre los 18 y los 50 años”, dice Silverman.

Incluso la Coalition for the Homeless, cuyos voluntarios no eran predominantemente personas mayores, ha visto un déficit repentino, de 12 a 15 voluntarios en promedio a un personal de 6 a 8 ahora.

En general “la participación de los voluntarios es más baja que nunca”, dice Kasumi Quinlan, quien forma parte de In It Together NYC, un esfuerzo voluntario de toda la ciudad para mantener abiertas las despensas. “Peor aún”, señala Quinlan, “para seguir los protocolos de seguridad adecuados, [los programas de alimentos] en realidad necesitan más voluntarios para hacer el mismo trabajo”.

Quinlan dice que su organización, como otras, incorpora lineamientos de seguridad en varios aspectos del proceso de reclutamiento. “Buscamos voluntarios que estén sanos, que tengan un bajo riesgo de complicaciones debido a COVID-19, y que no hayan tenido contacto con alguien que sea positivo para COVID”, señala Quinlan. “Una vez que decidimos que son elegibles, reciben instrucciones detalladas de seguridad sobre las mejores prácticas. Nuestras organizaciones asociadas tienen diferentes medidas, como guantes, tapabocas, desinfectante de manos, distanciamiento social, etcétera”.

Todos los programas de alimentos para la comunidad le dicen a City Limits que dependen de las donaciones, así que la mejor manera de apoyar su trabajo es donando fondos. 

“La inseguridad alimentaria nunca ha sido una cuestión de suministro inadecuado. Hay más que suficiente comida para todos”, dice Wright. “Mientras la cadena de suministro permanezca ininterrumpida, las entregas de alimentos de los distribuidores y bancos de alimentos a los programas continuarán. El reto es hacer llegar esos alimentos a las poblaciones vulnerables más necesitadas y dar a los programas la financiación para comprar los alimentos que necesitan desesperadamente”.

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